“Y eso de los talleres cómo va? Porque yo sólo soy capaz de entender un taller de pintura o de cocina y no me imagino en qué puede consistir un taller sobre la autoestima” y comentarios como éste son los que me han llevado hoy a explicar en qué consisten los TALLERES MerTeEscucha. Teóricamente, un taller es un curso eminentemente práctico, ideal para desarrollar con grupos reducidos de hasta 19 personas, donde poder poner en práctica las técnicas, habilidades y recursos que se imparten durante el taller. Es decir, si el taller se centra en técnicas de relajación, la pondremos en práctica, aprenderemos a relajarnos poniendo en marcha cada técnica y así descubriremos cuál resulta más fácil de practicar para cada persona y cuál es la más adecuada en cada caso. Está claro que 8 horas o 14 horas no dan para convertirse en experto en un determinado tema, pero sí ponen los cimientos, sientan las bases y dotan de recursos a las personas que formen parte del taller y quien quiera profundizar sobre cada tema recibirá de forma personalizada las indicaciones que precise, indicándole desde MerTeEscucha bibliografía, otros cursos, asesoramiento y otras formas de ahondar más en la materia por la que cada persona se interese.

Allá en el 1999, durante mi primer año de carrera en la Facultad de Psicología, me disponía a elegir los primeros cursos complementarios a mi formación académica formal. Leyendo los nombres de los diferentes cursos a los que podía optar y cursar uno me llamó especialmente la atención por su nombre: “Psicólogos, muerte y estreñimiento emocional” y me dije que sería interesante descubrir cómo el ponente entrelazaría términos que, para mí, a priori no tenían relación entre ellos.

Me dispuse a acudir al curso como siempre hacía en cualquiera de mis clases, como buena estudiante que siempre fui, con mi carpeta, mis folios preparados, mi pluma y mi estuche con algunos rotuladores de colores para tomar las notas del curso y dejar unos apuntes lustrosos y bonitos.

Mi primera sorpresa fue cuando el ponente nos invitó a despejar la sala, retirando las sillas hacia los laterales, dejando nuestros bolsos y material académico guardado y a un lado de la sala donde no estorbara y nos invitara a sentarnos en el suelo esparcidos por el espacio que había quedado libre y despejado de obstáculos. Un curso sin apuntes? Cómo voy a ser capaz de retener los conceptos de que nos hable sin tomar mis notas? Sentí cómo mi ansiedad aumentaba. No concebía como posible esa forma de abordar una clase para tratar una materia seria. No tomé ni un solo apunte durante las 20 horas, los dos días, que duró el curso. Y creo que es de los cursos de los que saqué más jugo y recuerdo prácticamente cada hora vivida allí.

Durante ese curso, me enamoré y apasioné con esta forma de aprender y enseñar. Talleres donde había cabida para todo lo que yo quisiera explorar dentro de la temática propuesta, de una forma que no me permitían otro tipo de cursos ni talleres, ni otro tipo de formación académica.

Durante el resto de la carrera aprendí a identificar a los ponentes que desarrollaban sus cursos en forma de talleres o me daban la oportunidad de aprender haciendo o identificar los títulos de los cursos que podían indicar que no se tomarían apuntes. No era por vaguería, eso te lo aseguro, porque esos cursos, durante esos talleres, si me implicaba (y cada uno siempre podía hacerlo en la medida en que quisiera) tenía frente a mí una oportunidad maravillosa de crecer, de aprender, de profundizar en partes de mí que me asustaban o me asombraban. Durante esos talleres siempre me asombró cómo era posible que en una sala llena de unos 40 alumnos que se desconocían podían darse situaciones tan emocionales y personales y cómo, yo, rodeada de tanta gente extraña, era capaz de abrirme, de aprender, de dejarme sentir, de dejarme fluir, a veces sin expresar una sola palabra.

Por eso ofrezco talleres dónde puedas aprender desde la acción. He de confesar que lo hago de forma egoísta porque impartiendo talleres de este tipo también se aprenden muchas cosas, cada grupo es diferente y cada taller aunque se nutra de las mismas técnicas nunca resulta igual porque son talleres vivos que cambian con cada persona que forma parte de él y nunca hay dos talleres iguales, son talleres que hay que vivirlos y que aunque se cuenten, la esencia es imposible compartirla si no se experimenta, porque lo importante no es lo que dentro se dice, lo importante es lo que cada uno se lleva dentro de sí.

El aprendizaje podemos definirlo como un cambio relativamente persistente en un posible comportamiento de un individuo a causa de la experiencia. Y en estos talleres te llevas sobre todo, experiencia.

Te invito a que lo compruebes por ti mism@.